Un préstamo personal se puede utilizar para financiar prácticamente cualquier necesidad, como reformas, compra de bienes, imprevistos o reunificación de deudas. A diferencia de una hipoteca, no está vinculado a poner en garantía un bien concreto a favor de la entidad financiera que concede la financiación.

En función del importe y el objetivo, puede ser más recomendable un préstamo o una hipoteca.